Por qué empecé a documentar mi proceso de diseño
Contenidos
Durante mucho tiempo pensé que documentar mi proceso era algo que hacías para mostrarle a otros cómo trabajas. Para el portfolio, para las entrevistas, para parecer más metódica.
Estaba equivocada.
El momento que cambió mi forma de verlo
Estaba en el medio de un proyecto complicado — una plataforma legal que llevaba tres meses de iteraciones. Me pidieron que presentara al equipo de negocio “todo lo que habíamos aprendido hasta el momento”. Abrí mis archivos de Figma. Busqué en Notion. Revisé el canal de Slack.
No encontré nada coherente. Tenía diseños, sí. Tenía pantallas. Pero no tenía el razonamiento detrás de cada decisión. No sabía por qué habíamos descartado la primera propuesta. No recordaba qué nos dijo la usuaria que hizo que rediseñáramos el flujo de entrada.
Tuve que reconstruir la historia de memoria. Y me di cuenta de que no era una historia — era un conjunto de reacciones.
Documentar es pensar en voz alta
Desde ese proyecto, empecé a escribir notas cortas al final de cada semana. No un reporte formal — solo: qué tomamos como decisión esta semana, por qué, y qué sigue sin estar claro.
Eso cambió cómo diseño. Cuando tienes que escribir “decidimos esto porque…” te das cuenta muy rápido si la razón es sólida o si solo estás siguiendo el impulso del momento.
Lo que te propongo
No hace falta un sistema complicado. Solo una cosa: al final de cada iteración, escribe tres oraciones.
- Qué cambiamos y por qué.
- Qué aprendimos que no sabíamos antes.
- Qué todavía no entendemos.
Eso es todo. En seis meses tendrás más claridad sobre cómo piensas que en cinco años de diseñar sin registrar nada.